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Pastelero

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SAMSUNG DIGITAL CAMERAHoy El Hadji ha hecho sus pinitos como dependiente en la tienda de Idoia. «Oye, chaval, tienes que darme la receta del pastel de chocolate, porque estaba riquísimo. Te lo digo de verdad. A lo mejor tu futuro está en ser un buen pastelero», le dice Idoia a modo de saludo nada más llegar. De vuelta a casa, nos ponemos manos a la obra y hacemos el segundo pastel. Este es uno de los que llevará el viernes a la Ikastola, para su despedida. Pero esta vez nos surge una duda y tenemos que llamar a Haize, momento que El Hadji aprovecha para contarle que ha llamado Alfonso y que el día 30 tenemos que estar en el aeropuerto a las 06:15. Haize le dice que, posiblemente, no van a poder ir a despedirle, porque a esas horas no hay autobuses. «Sí, pero hay taxis», le replica el chavalote sin cortarse ni una miaja. Continuamos con las manos en la masa y, entre batido y batido, le pregunto a ver qué le parece eso de dedicarse de mayor a la pastelería. «Bueno, no está mal, pero hay un problema, porque yo creo que con eso no ganaría mucho dinero»,  responde El Hadji sin atisbo de duda. ¡Poderoso caballero es don dinero!

Chocogracias

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SAMSUNG DIGITAL CAMERAEl Hadji ha empezado la semana poniendo en práctica la receta de Haize: bizcocho de chocolate. A mi me ha tenido de pinche, y doy fe de que, el chaval, mandar, manda. «Ponemos el chocolate y la mantequilla a derretir. ¿Dónde lo ponemos? Ya está. Ahora, los huevos, la leche y el azúcar. Todo bien batido. Echamos el chocolate y la mantequilla. Todo bien mezclado, añadimos la harina. Mídela. No, no, un poco más. Échame la levadura. Seis minutos en el microondas a toda máquina. Mejor que lo metas tú, porque a lo mejor se me cae», remata el El Hadji. Como tiene buena pinta y mejor sabor, una vez frío, pensamos que, compartir el primer pastel hecho por El Hadji con Idoia y Aida, podría ser una bonita manera de darles las gracias por haberle dejado usar el water de la tienda (entre otras muchas cosas), cada vez que la vejiga apretaba y no había tiempo de llegar hasta casa. «Vengo a traerte las gracias», le dice El Hadji a Idoia nada más entrar en la tienda. ¡Gracias con sabor a chocolate!

Cocinador

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Le hemos dicho a El Hadji que tiene que escribirle una carta a sus padres contándoles lo bien que se encuentra y que su vuelta a casa cada vez está más cerca. «Sí, antes, cuando Txema me decía que a lo mejor después de la operación me quitarían la sonda, yo no me podía creer eso», recuerda El Hadji con los ojos brillantes. Le comento que, probablemente, el 11 de diciembre recibirá el alta médica y que eso significará su regreso a Dakar. «El último día de clase podrías llevar unas pastas a la Ikastola, porque yo creo que se las merecen, tanto las andereños como los compañeros», le digo a modo de sugerencia. «No, no, pastas no. Voy a hacer el bizcocho de chocolate de Haize. Yo ya sé hacerlo, un día hice uno en Bilbao. El fin de semana voy a pedirle la receta. Bueno, mejor hago dos. Un día, un niño llevó a clase un bizcocho y ahora se va a enterar del cocinador que soy yo», me responde el nuevo rey de los fogones.

De excursión al hospital

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SAMSUNG DIGITAL CAMERATeniendo en cuenta que hoy jueves le operan y por aquello de que más vale prevenir que lamentar, ayer El Hadji no fue a la piscina. Por esta razón, a las 14:30, fuimos a recogerlo a la entrada del polideportivo. Nada más verme, la andereño Tanit se acerca a saludarme y a comentarme que estaba sorprendida por la actitud de El Hadji, porque le había dicho que no estaba  nervioso por la operación y que no le importaba nada tener que estar en el Hospital. «En la ikastola todos preguntándome ¿te van a operar?, ¿te van a operar?; y yo,  que sí, que sí.. La andereño me ha preguntado de qué me van a operar y le he dicho que de la hernia y de un huevito. De la uretra no le he dicho nada, porque sino…», me cuenta de camino a casa con tono cansino. Por la tarde, después de ver un rato la tele, Floren le dice que es hora de trabajar, que tiene que hacer una hoja de problemas. «Por eso digo que no me importa estar en le Hospital, porque puedo estar tumbado viendo dibujos y no tengo que hacer deberes», refunfuña El Hadji mientras se acomoda para hacer los ejercicios. Alto y claro, sí señor, que no quede ninguna duda. Antes de cenar, le recuerdo que tenemos que preparar la mochila. «Ah sí, tengo que llevar el dominó, cuatro en raya, las cartas, la maquinita y la pelota que estoy haciendo», me contesta con tono risueño como si estuviera preparándose para ir de campamento. Eso sí, nada de libros ni  de cepillo de dientes…  Cuando El Hadji se dispone a meterse en la cama,  suena el teléfono. Son Haize y Txema. He aquí la respuesta de El Hadji:  «No, que yo no estoy preocupado, que yo sólo quiero que todo salga bien». Y tod@s los demás también.

Txapela buruan ta ibili munduan!

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SAMSUNG DIGITAL CAMERASAMSUNG DIGITAL CAMERADe acuerdo con Txema y Haize, El Hadji se ha quedado este fin de semana en Ermua. El motivo, San Martín Azoka. Por esta razón, hoy El Hadji tenía más prisa que nunca para vestirse. Había que verlo delante del espejo colocándose la txapela. Nada más salir a la calle, ha visto a la andereño Pili y, a voz en grito, ya se ha encargado él de que la andereño lo viera. «Ikusi behar ze dotore zauden», le dice la andereño, ante lo que El Hadji se infla como un pavo real. Después, cámara en mano, recorremos toda la Feria. El Hadji tiene que trabajar. La andereño Lorea les ha pedido a los chavales de 5ºD que hagan tres fotografías (animales, productos de caserío y otros puestos). Según El Hadji, el lunes elegirán entre toda la clase la mejor fotografía. «A lo mejor gano yo, porque me han quedado muy bien»,  dice sin ningún rubor mientras ojeamos las fotografías. Esto sí que es txapela buruan eta ibili munduan!

PN

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«¿Qué tal te ha ido en la Ikastola?», le pregunto a El Hadji de regreso a casa. Como la respuesta es un lacónico bueno, le pido que me cuente qué le ha pasado. «No te lo puedo decir, porque es una palabrota», me responde con cara de circunstancias. Como insisto en que me lo cuente, me dice que un niño le ha llamado PN. «No entiendo qué es eso, ¿qué quiere decir PN?», le reitero la pregunta para ver si me entero de una vez. «Sí, sí, pero es una palabrota, luego no te enfades. El niño que le pegué el otro día me ha llamado “puto negro” y le voy a pegar otra vez», me contesta El Hadji con semblante compungido. Le digo que no es buena idea, que es mejor que se lo diga a la andereño y que sea ella la que le ponga las pilas. «Además, también me he atragantado comiendo esas cosas pequeñas y redondas, que son marrones. Estaba comiendo deprisa porque no me gustaba y ha sido por eso», continúa El Hadji con su relato. También es mala suerte, para una vez que come deprisa el chaval, va y se atraganta. Pero por aquello de que no hay dos sin tres, parece que una mujer “muy mala” les ha dicho que les va a quitar el balón si juegan al fútbol en la plaza. Menos mal que nada más llegar Haize, El Hadji se viene arriba, mete un golazo y se lo dedica a ella. Que tenga cuidado Guillermo, porque como lleguen a oídos de Ziganda los goles de El Hadji…

«¡Biennnn!»

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goiburua_irudiaLos viernes tienen un aire especial para todos y para El Hadji también. A las 16:15 llega de la Ikastola y a modo de saludo nos dice: «Me muero de hambre, ¿va a venir Txema a buscarme?». Le contesto que no, que Txema está acatarrado y que no puede venir. «Pero puede venir Haize», me responde sin dejar de comer el bocata pero con gesto serio. Le comento que Haize está trabajando y que no puede dejar el trabajo. El Hadji está cabizbajo. «Ah, se me olvidaba, Txema me ha dicho que viene Unai a buscarte» , le digo como quien no quiere la cosa. Al chaval le cambia la cara, sonríe ampliamente y exclama «¡Biennnn!». «Vaya cabeza la mía, se me olvidaba otra cosa, que Joxean ha hablado con Txema y el domingo vas a ir a Lazkao a la fiesta de Irrien Lagunak con Oier, Beñat, Masaliou, Adela y, por supuesto, con Joxean», le digo sin darle importancia. Ahora el «¡Biennnnnn!» es en estéreo. Ermua es el último pueblo de Bizkaia, ¡pero tampoco se está tan mal!

Barracas y playa

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2013-07-13 18.59.462013-07-14 11.44.32Fin de semana típico del verano. Santutxu en fiestas. Vamos con El Hadji a las barracas. Nos cuenta que en Senegal no las había visto nunca. Primero se monta con Haize en el “tren de la bruja”. Después en una moto 4 x 4. Más tarde pasa a cabalgar sobre un caballo alazan. Se acabó el presupuesto. Habrá que guardar algo para la Aste Nagusia. Más barato, en cambio, es ir a la playa. Segunda sesión de “aprender” a nadar, ahora en Sopelana, después de haber estado la semana pasada en Plentzia. Escasos avances. «Hoy hay olas muy grandes», exclama asustado El Hadji cuando el agua todavía no le alcanza ni a la rodilla. Lo intenta con todas sus fuerzas pero el miedo, por no decir el pánico, es superior a sus deseos. Y en cuanto una ola se le acerca, coge el tren de la bruja, la moto 4 x4, y el caballo, y sale pitando hacia la orilla.     

Historias de África

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2013-07-13 12.13.392013-07-13 12.26.342013-07-13 13.05.55Salimos con El Hadji a dar una vuelta por el Casco Viejo. En la Plaza Santiago, a la salida de la Catedral, hay una boda. El Hadji pasa de largo (ya ha visto varias) y se fija en un muñeco de publicidad colocado frente a la tienda “Los Jaboneros”. Está desnudo y le llama la atención sobremanera. «Mira, este también tiene sonda», nos dice con curiosidad infantil fijando su mirada en el pitilín del muñeco. Nos dirigimos a la Plaza Nueva. Está muy animada y, como ocurre en algunas ocasiones, hay talleres para niños. Le proponemos que se apunte a uno que, en principio, le puede resultar atractivo: “Afrika kontuan”. No hay manera, parece que le van más los “cuentos chinos”. Sin embargo, no desistimos, porque justo al lado hay otro taller de máscaras. Una monitora le invita a participar. Acepta finalmente aunque con cierta desgana. Con su ayuda comienza a hacer una careta de león, pero su cabeza está en otra parte. Haize y yo estamos sentados en una terraza cercana y, cada poco tiempo, nos mira a ver si seguimos allí. También, cada poco tiempo, se lleva la mano a la boca, como preguntándonos si estamos comiendo algo. Así que no aguanta más, acaba rápido y nos enseña la careta del león que ha hecho: chapuza total. Eso sí, en cuanto le decimos que le invitamos a comer unos chopitos, su cara se transforma en la del león más hambriento de África. 

Desayuno y merienda

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2008_kung_fu_panda_002Sábado a la mañana. El Hadji, Haize y yo estamos desayunando. Hablamos del tiempo que va a hacer y le explicamos que hay unos satélites que predicen el clima. De repente, cambia de conversación y nos pregunta «¿Sabeis cómo es la bandera de Kung-Fu?». «No tenemos ni idea», le contestamos ambos, y añado, «ya sabes que a mí no me gusta eso de la lucha». El Hadji se queda un momento pensativo y ataca. «Es sólo para defenderse». Ahora soy yo el que me quedo cavilando. «Pues yo prefiero defenderme de otra forma», le suelto un crochet al hígado mental. «¿De qué forma?», me responde incrédulo. Haize le pasa una seña dirigiendo su mano hacia la boca. El Hadji interpreta el mensaje a su manera. «Ah, ya sé, comiendo». Nos reímos los dos un rato. Este chaval es una mina haciendo titulares. Luego le explicamos que uno también se puede defender mediante la palabra, pero mucho nos tememos que está pensando de nuevo en la dichosa bandera de Kung-Fu.

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2013-06-22 17.49.44Sábado a la tarde. Vamos a la mezquita de Bilbao la Vieja. Está cerrada. El Hadji me sugiere que podemos ir hasta el Guggenheim a visitar a Puppy. Debe querer agradarme porque no le gusta andar nada. Por el camino se come una de sus meriendas preferidas: bocata de nocilla. Llegamos a la explanada del Guggenheim, que está ocupada por turistas, invitados a bodas y comuniones y muchos curiosos como nosotros. Observamos el paisaje humano y nos reimos un rato. Después, seguimos el camino de la ría y le propongo comernos un helado. Nos sentamos en un banco. Hace un poco de calor y está fabuloso. «¿Qué prefieres, ir a la mezquita o el helado?», le pregunto insidioso. Casi no me deja acabar la frase: «el helado», responde sin dudarlo. Por la ría pasa un chico remando afanosamente sobre una tabla. Transcurren unos minutos en silencio y ni nos miramos, embelesados como estamos en saborear el helado. «Bueno, la mezquita», me dice al de un rato cuando ya ha desaparecido el chocolate y solo quedan los restos del cucurucho.

Competencias lingüísticas

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El Hadji y El Hadji (Papa) frente a la sede de Euskaltzaindia en la Plaza Nueva de Bilbo

De entre las muchas cuestiones de las que más se enorgullece El Hadji destaca la de exhibir sus conocimientos lingüísticos cuando la gente le pregunta por el tiempo que lleva aquí y, tras decirles que sólo tres meses, comprobar lo bien que ya se desenvuelve en castellano. Así que, cada vez que alguien le pregunta sobre esto, y ocurre todos los días unas cuantas veces, añade una nueva condecoración a su vitrina de trofeos virtuales. Ahora bien, cuando se le pregunta por sus avances (bastante más limitados) en euskera, la cuestión no parece importarle tanto. Eso sí, si de lo que se trata es de “competir” con El Hadji (Papa), el otro niño senegalés que ingresó ayer lunes en la misma planta del Hospital de Cruces y que, en menos de dos meses, se desenvuelve muy bien euskera, pues la cosa cambia radicalmente. «Yo le gano a él», suelta El Hadji con su afan competitivo de siempre. «No es cuestión de ganar sino de aprender», le señalan Marta y Haize. «Además, Papa es más pequeño que tú, lleva menos tiempo aquí… pero también aprende muy rápido». No importa, la cuestión es demostrar que a él no le gana nadie. Durante diez minutos parece que se está preparando para sacar el EGA urgentemente. Quiere hacer una demostración de sus “amplios conocimientos”. Es complicado, por mucha voluntad que, de cara a la galería y durante unos breves momentos, le eche. No importa, quizá tenga que volver a matricularse en setiembre.

Una mañana cualquiera

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2013-06-05 22.02.23

A todos nos ha alegrado este soleado despertar pero El Hadji y yo (Haize) hemos constatado que los días oscuros y lluviosos ocultan, en gran parte, el polvo que se va acumulando en la casa. Así que, mano a mano, nos hemos puesto a limpiar y he descubierto que, cuando quiere, trabaja, sobre todo para “agradar” y para hacernos partícipes a cada rato de lo bien que lo hace todo. «¿A tú mamá la ayudas?»,  le pregunto, pensando que su respuesta va a ser negativa. «Sí, yo la ayudo a limpiar», contesta. «¿Y tú hermano de 13 años», prosigo el interrogatorio. «El también», afirma rápido. «¿Y tus otros hermanos mayores?», pregunto por último. «Nooooo, ellos no», contesta entre escandalizado y alegre. Seguimos limpiando y después de un buen rato de pelear contra el polvo, le digo que vamos a hacer compras. «No, primero yo paso suelo cocina con fregona», propone eufórico. «Mejor lo dejamos para después de comer», le contesto asombrada ante la fiebre de actividad que le ha entrado. Cogemos el carro de la compra, que está aprendiendo a conducir al igual que ha hecho con la bici, y nos vamos al supermercado. Su actividad no mengua: busca, coge, ordena y coloca todo. Salimos de allí y vamos a otras tiendas: degusta aceitunas, coge el pan (donde siempre le regalan algo aunque sólo sean los oídos) y acabamos en una charcutería donde, nada más entrar suelta: «Todo cerdo, aquí huele mal», exclama asustado. El dependiente comienza a cortar chorizo y, de repente, le ofrece una rodaja a El Hadji que, horrorizado, se tira para atrás mientras dice «No». Le explico que es musulmán, que no come cerdo… y el vendedor, muy amable y “comprensivo” le pregunta a ver si lo ha probado alguna vez. Ante la respuesta negativa, el tendero sigue con su afán comercial: «pues seguro que si lo pruebas, te gustaría». Al volver a casa, entra en la sala y comenta: «¡Qué limpia está!», exclama. «Claro, hemos hecho un buen trabajo tú y yo», le reconozco el mérito. «Sí, pero tus hijos no han limpiado», me devuelve un directo derecho al mentón. Bien merecido: yo pensaba que aquí, en nuestra casa, estábamos lejos del modelo por el cual los hombres no suelen tomar parte en los trabajos de la casa, “territorio exclusivo” femenino. Sin embargo, de rebote, me ha demostrado que por lo menos él, aunque sea por agradar, trabaja y se adapta al medio en el que está. ¿Qué hacen nuestros hij@s “mejor educad@s” y qué hacemos nosotr@s con nuestras contradicciones?

Doctores por un día

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«Hoy hemos ido a Mallabia con la andereño de Gimnasia. Hemos visto vacas, ovejas y gallinas. Yo muy cansado. No me gusta andar, me canso», nos comenta El Hadji al llegar a casa. «Hoy he comido garbanzos, pescado y una cosa que no me gusta», continúa con el boletín informativo. Le comentamos que tenemos que ir a Elgoibar, porque se ha muerto la madre de Mertxe (nuestra cuñada) y, queriendo quitarle “importancia”, le decimos que era una persona  mayor y que estaba enferma. «Sí, pero los niños también se mueren», nos responde con tono contundente. «En el aeropuerto, yo pensaba que vosotros erais los doctores que veníais  para llevarme al hospital», nos dice mientras cenamos. «Entonces nosotros somos la Dra. Maite y el Dr. Floren», le digo en tono divertido. «Y la Dra. Haize,  el Dr. Txema y el Dr. Alfonso», añade sonriendo. ¡Menudo equipo!

Operaciones relevo y periodos de adaptación

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Sobre las 10:30 llega Txema. Floren y El Hadji han ido a comprar el pan y el periódico. Cuando vuelven, El Hadji le saluda con una sonrisa. Después del café y un ratito de charla, Floren les acompaña al autobús. A continuación, gracias a la “operación relevo”, hemos podido hacer lo que más nos gusta: senderismo. Y lo hemos hecho con un tiempo fantástico y en un entorno privilegiado: Zumaia-Askizu-Getaria-Zarautz-Askizu- Zumaia.  Haize, Txema, Unai eta Xabier: Eskerrik asko!

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Eskerrik asko zuei. No es cumplido, es una sensación compartida. Lo hemos hablado esta mañana mientras hacíamos la “operación relevo”. Todos (no sólo El Hadji, sino las dos familias también) necesitamos un “periodo de adaptación”, de encaje, de ajuste. Y por ahora, en honor a la verdad, debemos decir que hemos tenido mucha suerte por poder compartir con vosotros (Maite y Floren) el privilegio de cuidar de El Hadji. Vosotros desde vuestro compromiso cristiano. Nosotros desde nuestra visión agnóstica de la vida.

Ritmo africano, Bugs Bunny y dibujos animados

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Como todos los días, para desayunar, limpiarse los dientes y vestirse (se baña por la noche) una hora y cuarto. Ritmo africano. Llegamos a la biblioteca y me doy cuenta que no ha llevado el cuaderno. El Hadji sonríe pícaramente. No hay problema. Podemos trabajar la tabla del ocho y del nueve sin cuaderno, le digo. Cuando ve el folio lleno de cuentas, pone cara de “si lo sé no vengo”. Finalmente, las hace. En la comida, nos ha sorprendido organizando el viaje de regreso. “Manuel, Mikel, Bittor y yo,  avión Senegal”, nos dice. senegalair

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Escribo por primera vez. Soy Haize, de la familia de apoyo de Bilbao. En vísperas del regreso de El Hadji a nuestra casa, me doy cuenta de que desde que se fue el pasado domingo a la tarde,  llevo haciendo cosas por y para él. Así, el lunes recogí el circuito de coches que le había montado y que tanto le gustó hasta que perdió el interés porque, a consecuencia posiblemente de las pilas, dejó de funcionar. El martes estuve buscándole ropa para no tener que trasegar con ella constantemente en sus viajes Ermua-Bilbao-Ermua.  El miércoles recorrí varios vídeo-clubs en busca de dibujos animados en francés. El jueves,  devanándome la cabeza sobre su dieta, compré conejo para hacérselo guisado e hice croquetas de pollo para probar suerte. Por la noche, mientras esperaba la llegada de la Korrika, pregunté a varias amigas a ver si tenían una bici pequeña para que aprenda a andar, algo que parece que desea mucho, tal como demostró el primer fin de semana que pasó con nosotros con una bicicleta grande que tenemos y, aunque no sabe manejarla, no le falta osadía. Hoy viernes he salido a comprarle dátiles  y yogurt que le gustan mucho. Así que me he decidido a escribir sobre todo esto que ya ha empezado a formar parte del  día a día de mi vida.

Cuestión de género

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korrikatxikiEl Hadji ya ha descubierto cómo es nuestro modo de funcionar. Estábamos comiendo y, de repente, nos dice «ah, yo, casa de Txema, casa de Floren; casa de Floren, casa de Txema».  «Casa de Maite y Floren», le dice Floren. «Y de Txema y Haize», le contesta El Hadji. Floren le ha llevado a ver la Korrika txiki. El Hadji alucinaba viendo correr a tantos niños juntos. A continuación, chocolatada y música. El Hadji parecía estar en su salsa. Y para terminar bien la tarde, ha encontrado compañeros para jugar al fútbol. Ha llamado Alfonso. Le he comentado que todo marcha bien. Quedamos en vernos el lunes en el Hospital. Son las 10:00 de la noche y El Hadji está agotado. Es hora de que se vaya a la cama…

La llegada

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Es una cigüeña metálica de alas plateadas que viene volando desde París. Dos familias esperamos en el aeropuerto de Loiu el aterrizaje del vuelo Air France 1776 que las pantallas anuncian que llega con veinte minutos de retraso sobre su horario habitual. Nerviosos e impacientes, nuestras miradas están pendientes de conocer por fin a este viajero que, como las aves el final del invierno, migran desde el Africa subsahariana a la Europa más occidental. La ficha que Tierra de Hombres nos entregó hace poco más de un mes comenzaba así:
Nombre del menor: El Hadji M. Diop (se le conoce como El Hadji)
Fecha de nacimiento: 2002
País: Senegal. Ciudad de residencia: Dakar

MapaSenegal

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Por la puerta de llegadas internacionales aparecen por fin dos niños en sillas de ruedas. Junto a ellos está Marie Claude, una voluntaria de la ONG Aviación Sin Fronteras que les ha acompañado en este trayecto final. Nos acercamos y enseguida distinguimos a El Hadji que, al igual que el otro menor de cinco años (Mouhamadou Thiav) que le acompaña, permanece encogido y asustado ante el grupo de desconocidos que le rodea. Apenas alza la mirada y sus enormes ojos negros nos interrogan con preguntas que quizá un adulto fácilmente pueda intuir.  ¿Qué hago fuera de mi país? ¿Quiénes sois vosotros? ¿Qué queréis? ¿Qué va a ser de mí?

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No se cómo actuar. Me siento débil frente a el y, a pesar de su sufrimiento, percibo que es muy valiente y que hay que  tener mucho coraje para afrontar una situación como la que ahora está viviendo el.  “Salaamaalekum!”, le dice Haize, mi compañera y, con un hilo de voz, le responde, “Maalekum salaam”. Marie Claude, en francés, y Alfonso, delegado de Tierra de Hombres (TDH) en Euskadi intentan tranquilizarle, pero su mente sigue ausente anclada seguramente en los recuerdos de su familia y en las calles de Dakar que hace ya casi un día tuvo que abandonar.

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Salimos de la terminal y nos dirigimos al parking donde Maite y Floren, su familia de acogida, han dejado el coche con el que llevarán a El Hadji hasta su casa en Ermua, localidad que será a partir de ahora, y hasta no se sabe cuando, su residencia habitual. Dakar_Roofs_-_Beach__OceanEn la calle el termómetro marca 12 grados, lejos de los fríos de semanas pasadas aquí, pero muy lejos también de los 24 grados que registra hoy el mapa del tiempo de Dakar, la capital de su país. Fría Europa, cálida Africa…

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Se había acabado la espera. Teníamos ante nosotros a El Hadji. Sus ojos reflejaban angustia, tristeza e incertidumbre. Estaba abatido y parecía no entender nada de lo que sucedía. El viaje de Loiu a Ermua se me hizo interminable. Me senté en la parte de atrás con él. Quería mostrarle, de alguna manera, mi afecto y cercanía, pero intuyo que su mente estaba muy lejos, intentando buscar algo cálido y familiar que pudiera mitigar su angustia. Una vez en casa, El Hadji nos dice que quiere hablar con su padre. Le digo que no es posible y rompe a llorar. ¿Cómo consolarlo en esta situación sin sentar un mal precedente? Llamo a Jean, un chico senegalés que está de vacaciones en Ermua. Le pido que le diga a El Hadji que le puede escribir una carta a su padre y que Alfonso (TDH) se la hará llegar.