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Calle Laurel

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SAMSUNG DIGITAL CAMERASAMSUNG DIGITAL CAMERASAMSUNG DIGITAL CAMERAEl Hadji está como un chiquillo con zapatos nuevos. Por una parte, el chaval quería volver a su casa con zapatos nuevos y, gracias a Olentzero, lo ha conseguido. «Ya sé, mis amigos de Dakar me van a decir que les deje las zapatillas un poco, porque tienen tacos y eso les encanta», nos dice  «don presumido» sin dejar de mirarse a los píes. Por otra, a  El Hadji le hacía ilusión volver a  Entrena; bueno, a Entrena y  sus alrededores, porque el lunes fue a despedirse de la Calle Laurel y de sus pinchitos. «Pues, mañana podíamos ir todos (se refiere a los hermanos y sobrinos de Floren) a  comer a la bodega», nos dice la criatura de camino a casa. Dicho y hecho, el martes al mediodía,  comida  en la bodega. El Hadji se lo pasó a lo grande, sobre todo con Rubén y Leticia. En las sobremesa de Nochebuena, entre mazapán y mazapán, El Hadji se arrancó con un rap. Cualquier cosa con tal de no ir a la cama.  El miércoles, después de comer, caminata por el campo para estirar las piernas y gastar algunas calorías. «Hoy es miércoles, ¿no?. Pues,  ya no tengo más miércoles aquí», exclama El Hadji mientras contemplamos los armoniosos movimientos de una bandada de tordos. ¡Ha comenzado la cuenta atrás!

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Olentzero

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olentzero«Ayer, antes de dormir, cuando estaba en la cama, estaba pensando al llegar a mi casa en Dakar, cuando me vea mi padre, se va a flipar. En la puerta de mi casa, toda mi familia, y yo, al bajar del coche, con los zapatos nuevos. Yo era el más feliz del mundo», me cuenta El Hadji mientras se quita el pijama para meterse en la ducha. «¿Con los zapatos nuevos? No sé qué zapatos son esos», le digo un tanto perpleja. «Pues, claro, los que me va a traer el Olentzero», me contesta con rotundidad. Yo, a lo mío: «Pero ¿cómo se va a enterar Olentzero qué zapatillas son las que te gustan?». «Pues, muy fácil, se lo dices tú y ya está», responde El Hadji en plan facilitador.

Con nota

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SAMSUNG DIGITAL CAMERASAMSUNG DIGITAL CAMERA«Me han dado las notas: dos oso ondos, cuatro ondos y sólo un gutxi. Algunos chavales tienen hasta tres gutxis. El pastel de chocolate, riquísimo. Han comido casi todos los niños y algunos han repetido hasta tres veces, y eso que habían comido bocata de cerdo primero», le cuenta El Hadji a Floren nada más llegar a casa. No hace falta preguntarle nada. Está tan contento que no puede parar de hablar. Se muestra encantado con la despedida que le han hecho en la Ikastola. Los compañeros de clase le han regalado un montón de dibujos, todos ellos llenos de colorido y buenos deseos. «Me los voy a llevar todos conmigo a Dakar», nos dice El Hadji feliz con el detalle de los chavales. Hoy, de libros, nada de nada. Hoy, bocata de chorizo, pastel de chocolate y juegos. «Y además hemos ganado. Bueno, en la sokatira, nos han ganado», confiesa El Hadji con cierta resignación.

¡Agur, Gurutzeta!

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20130217-02-Cruces-Hospital-1Esta mañana El Hadji ha estado en Gurutzeta y, cuando el Dr. Blanco le ha preguntado qué tal estaba, la respuesta del chaval no ha podido ser más contundente: «¡Muy bien hasta el infinito!». Precisamente, hoy hace nueve meses que tuvimos la primera consulta. La cosa no pintaba nada bien. El futuro de El Hadji se vislumbraba lleno de nubarrones. Pero, poco a poco, empezaron a aparecer pequeños rayos de sol en el horizonte. Primero, el preoperatorio; después, la intervención y el postoperatorio; y, finalmente, llegó el verano y los nubarrones se disiparon. Eso sí, con un par de sustos por el camino, aunque por fortuna, sin consecuencias. «Eh, que me ha dado la alta y Alfonso dice que en diez días, a lo mejor, me voy a Dakar», me dice El Hadji a modo de saludo al entrar en casa. Para celebrarlo, después de comer ha cogido el patinete y la pelota y se ha ido dos horas largas a la plaza. Hoy no ha sido un día cualquiera. Hoy es ¡Agur, Gurutzeta!

Lo importante es la música

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20131130_200107«¿Creo que el día 4 vas a ir a ver a Pirritx, Porrotx y Marimotots a Berriz?», le pregunto a El Hadji mientras esperamos al autobús que nos lleva de Ermua a Bilbo. «Sí, pero todavía no tenemos entradas», me contesta con cierto aire de resignación. Pero, le pregunto inquisitivo, «¿ya entiendes a los payasos hablando en euskera?». «A mí no me importa, me da igual que hablen en chino o en inglés», responde autosuficiente, «porque lo importante es saberse las canciones y yo ya me las sé», sentencia. Incrédulo, cuando llego a casa le someto a un interrogatorio más extenso y compruebo que si, en efecto, se sabe unas cuantas canciones de ellos (“Maite zaitut”, “Eskuetan”, “Behin betiko”…) aunque, eso sí, no entienda lo que dicen la mayor parte de sus letras. Pero bueno, tampoco es para ponerse exquisitos con este chaval de Dakar (Senegal), que hay habitantes de Arrigorriaga o de Pasaia (por decir sólamente dos localidades vascas) a los que el euskera les queda todavía más lejos.

La religión de los elefantes

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«Enfrente de nuestra casa de Dakar, los que viven allí son cristianos, y los de la casa de al lado también. Y cuando son sus fiestas nos traen unas cosas riquísimas», nos cuenta El Hadji mientras cenamos. Le pregunto a ver si ellos hacen lo mismo. «Tú dices, por ejemplo, cuando la Fiesta del Cordero, pues sí, nosotros, cuando la Fiesta del Cordero, les llevamos un cachazo de cordero que está para chuparse los dedos», me responde El Hadji con orgullo. Le comento que me parece un detalle muy bonito y que eso demuestra que, tanto cristianos como musulmanes, podemos llevarnos bien, ser amigos y ayudar a quien lo necesita. «O sea que tú tienes amigos cristianos», prosigo como quien no quiere la cosa. «Bueno, no, es que son muy fuertes, porque como comen mucho cerdo», contesta. «Ah, sí, pues los elefantes son grandes y fuertes y sólo comen hierba, ¿qué te parece?», interviene Floren. «¿Que qué me parece? Me parece que la hierba no es verdura», concluye  El Hadji con un auténtico remate de cabeza.

Chulito

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Esta tarde hemos ido a la biblioteca. Ha sido la primera salida de El Hadji después de la operación. Yo había quedado con un chico senegalés y me parecía que podía ser una buena oportunidad para que El Hadji despertase un poco su wolof dormido. Mi gozo en un pozo: un escueto saludo ha sido todo lo que ha salido de su boca. Ya en casa, hablando de la vuelta a clase, primero a la Ikastola y luego a su Colegio de Senegal,  le pregunto a El Hadji si tiene ganas de volver a ver a sus compañeros de clase de Dakar. «Se van a enterar, antes yo era un miedica, pero ahora me voy a motivar», me responde con cara de chulito. «¿Qué es eso de que te vas a motivar?»,  «No entiendo», le digo. «Vosotros decís que no hay que pegar, pero eso es aquí. Motivar es tener ganas y yo ya tengo ganas. Antes se reían pero ahora, no», me contesta mientras simula dar puñetazos. «Es que a los senegales nos gusta mucho el combate», continúa El Hadji intentando convencerme.

Cocinador

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Le hemos dicho a El Hadji que tiene que escribirle una carta a sus padres contándoles lo bien que se encuentra y que su vuelta a casa cada vez está más cerca. «Sí, antes, cuando Txema me decía que a lo mejor después de la operación me quitarían la sonda, yo no me podía creer eso», recuerda El Hadji con los ojos brillantes. Le comento que, probablemente, el 11 de diciembre recibirá el alta médica y que eso significará su regreso a Dakar. «El último día de clase podrías llevar unas pastas a la Ikastola, porque yo creo que se las merecen, tanto las andereños como los compañeros», le digo a modo de sugerencia. «No, no, pastas no. Voy a hacer el bizcocho de chocolate de Haize. Yo ya sé hacerlo, un día hice uno en Bilbao. El fin de semana voy a pedirle la receta. Bueno, mejor hago dos. Un día, un niño llevó a clase un bizcocho y ahora se va a enterar del cocinador que soy yo», me responde el nuevo rey de los fogones.

Noticias, rezos y dibujos

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SAMSUNG DIGITAL CAMERADespués de merendar, mientras El Hadji hace los deberes, yo aprovecho para abrir el correo. Sorpresa: noticias de Dakar.  Alfonso nos ha hecho llegar una carta de los padres de El Hadji. El chaval la lee una y otra vez. Nos dice que algunas cosas no entiende, otras que sí. Le pregunto qué tal están sus padres y sus hermanos, a ver qué le cuentan. «El hijo del hijo de Babakar (el abuelo espiritual de El Hadji) está rezando por mi para que todo salga bien y me cure. Mis padres y mis hermanos también rezan para que todo salga bien y me cure. Y, Moustapha, por fin, que ha entrado en el universitario. Ya era hora, porque no tenía  suerte y le ha costado mucho», me resume con premura, enfilando sus pasos hacia la sala, mientras murmura: «se me van a pasar mis dibujos favoritos».

Mecánico

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SAMSUNG DIGITAL CAMERAEl Hadji llevaba tiempo queriendo montar un coche que le habían regalado en su cumpleaños, pero no acababa de encontrar el momento de hacerlo. Cada vez que mencionaba el tema, yo siempre le decía que se pusiera manos a la obra, y él me respondía que era muy difícil y que necesitaba ayuda. «Mira, mira lo que he hecho», me dice El Hadji enseñándome el coche en cuanto he entrado en casa. Le pregunto si lo ha hecho él solo y, sin cortarse ni una miaja, me contesta que sí. Floren sonríe y yo vuelvo a la carga. «Pero, de verdad, ¿lo has montado tú solo?», le insisto. «Bueno, Floren me ha ayudado un poco, porque yo no entendía el dibujo, pero las ruedas las he puesto yo solo», me responde con rotundidad. Le sugerimos que, para llevar el coche a Dakar, es mejor desmontarlo. El Hadji se niega en redondo. Nosotros insistimos diciéndole que el coche montado ocupa más y que se puede romper más fácil y que, además, en Dakar le pueden ayudar a montarlo de nuevo, bien su padre o también sus hermanos. «Mis hermanos están muy ocupados estudiando y mi padre no hace juguetes», contesta el chaval con total naturalidad.

 

Cremallera

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«¿Qué vas a poner hoy en blog?», me pregunta El Hadji a la hora de acostarse, mientras miramos por enésima vez las fotos de su familia. «Si quieres, te cuento algo como el otro día», continúa El Hadji sin esperar a mi respuesta. «En Senegal, cuando alguien viene a casa después de mucho tiempo lejos, hacemos una fiesta. Mi madre cocina mejor que mi tía. Mi madre hace un plato muy rico con atún y una salsa y verduras. ¡A mi me encanta! A lo mejor también lo hace cuando yo vaya a Dakar», me  cuenta El Hadji sin detenerse y sin dejar de mirar a su madre. Aquí y en Senegal, ¡la amatxo es la amatxo! Le digo que va a tener suerte porque, cuando se vaya, aquí hará frío y en Dakar calorcito, «Estoy pensando que a mi también me gustaría pasar el invierno en Dakar», comento en voz alta como quien no quiere la cosa. «No, no, a  ti no te gustaría vivir en Dakar», responde El Hadji con contundencia. «¿Por qué crees tú que no me gustaría?»,  le pregunto con gesto de asombro. «Porque a ti te gusta mandar mucho, y en Dakar, las mujeres no mandan», me dice llevándose la mano a la boca para indicarme “cremallera”.

 

Pérdida del “status”

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«En el patio y en el jantoki he estado callado todo el rato», responde El Hadji cuando Floren le pregunta cómo le ha ido el día. Cosa rara, piensa Floren, sobre todo, teniendo en cuenta lo que le gusta hablar al chaval. «Los chicos no se portan bien conmigo», continúa El Hadji con su relato. Cuando Floren se dispone a prepararle la merienda, el niño le interrumpe inesperadamente: «No, no quiero bocata. No tengo hambre». A la hora de hacer los deberes, intento hablar con él, pero El Hadji enseguida zanja el tema. «Si no quieren ser mis amigos, mejor, a mi no me importa, yo ya tengo amigos en Dakar», sentencia El Hadji con gesto chulesco. La relación de protección del curso pasado, tanto por parte de las andereños como de los compañeros, nosotros intuimos que se ha ido transformando en una relación más igualitaria, lo que en la práctica se traduce en la pérdida del “status”  especial que todos le dispensaban. El Hadji se resiste a ser uno más, él quiere mantener su “diferencia”.

¡Al agua, patos!

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20131013_164008_resizedEl Hadji continúa en la piscina de Ermua con su cursillo para aprender a nadar. Por ahora se limita a flotar… pero con manguitos. Eso sí, de acuerdo particular interpretación de las cosas que le interesan, considera que el hecho de flotar (con manguitos) ya es, prácticamente, como saber nadar. Y nada también es lo que hicieron ayer en la ría de Bilbao miles de patos (nada menos que 30.000), en una iniciativa solidaria (Walk On Project) en favor de las enfermedades neurodegenerativas poco comunes. El Hadji no pudo estar en el acto de la tarde pero ya anunció que entre sus proyectos a corto plazo está el de irse nadando con manguitos hasta Dakar (Senegal). ¡Ni el propio Pato Donald lo igualaría!

Wolof dormido

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SAMSUNG DIGITAL CAMERADespués de un día  fantástico, tanto en la Ikastola como  en la merendola, pensamos que, para El Hadji, hablar por teléfono con su familia podía ser un excelente final para la celebración de su undécimo cumpleaños. Sin embargo, no ha sido así. El Hadji se ha bloqueado y sólo repetía, una y otra vez, «man la El Hadji. Wolof toutti» (poco). «Tranquilo, a tus padres lo que verdaderamente les preocupa es que estés bien», le digo intentando aliviar su preocupación. «Sí, sí, pero también importa que pueda entenderme con ellos», me contesta con gesto serio. «Por supuesto que sí, pero seguro que tu wolof está dormido y, en cuanto llegues a Dakar, se despierta», le respondo con tono convincente. Y digo convincente, porque a continuación se ha quedado dormido.

Muelas sin juicio

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dolor-muelasA las 16:00 tenemos cita en la Clínica Dental Aldapa. Una vez hecha la primera extracción, El Hadji dice que por hoy bastante, que la segunda muela ni pensar. La odontóloga intenta convencerle y, finalmente, el chaval accede. «En Dakar no hace falta», me dice al llegar a casa. «No entiendo, ¿qué es lo que no hace falta en Dakar?», le pregunto. «Sacar la muela, porque, cuando se mueve,  mi madre hace trampa. Me dice que abra la boca, que quiere ver cómo tengo, y ¡zas!, agarra la muela, tira y ya está quitada», me responde. Por supuesto, de comer, nada de nada y, como era de esperar, precisamente hoy, El Hadji quiere bocadillo. Le digo que hasta mañana sólo puede tomar alimentos fríos. «Vale, pues entonces un yogurt y un  helado», me contesta con rapidez.

Árboles para la vida

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SEMC 3MP DSCViajamos a África en el autobús que nos lleva de Ermua a Bilbao. Nuestra ruta imaginaria tiene algo de verosimil: en el vehículo hay más viajeros africanos que locales. Pasamos el tiempo hablando de las fotos que hace unos días ha recibido El Hadji de su familia que vive en Dakar (Senegal). Cuatro imágenes que ayudan a entender el puzzle de su vida. Imagenes con las que poner rostros a vivencias compartidas. En una de ellas vemos a Issa, su padre, cuidando un pequeño árbol de mango. El Hadji me cuenta la historia. «Un día, ya hace año y medio, estaba comiendo un mango en mi casa. Cuando acabé, cogí la semilla que tenía dentro para plantarla, pero Sala, la hermana de mi tía, me dijo que no iba a crecer. Yo no la hice caso y la planté». Ahora, tiempo después, vemos aquella simiente convertida en un retoño que anuncia frutos en un futuro no muy lejano. E imaginamos al padre de El Hadji confiado en que su hijo también  se va a convertir en un árbol fuerte y sano que, trasplantado en una tierra lejana, algún día volverá.

Bilbaínos por el mundo

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SAMSUNG DIGITAL CAMERAHoy  Floren, El Hadji, Ander y Aitor  han ido a visitar el Acuarium de Donostia. Floren quería hacer algo especial con los chavales para despedir las vacaciones. Y está claro que lo ha conseguido. «Lo que más me ha gustado son las fiestas de Bilbao y los tiburones», nos dice El Hadji mientras vemos las fotos de la excursión. «Pero Donostia es mucho más bonito que Bilbao», le dice Floren con ánimo de provocarle. «No, no, es más bonito Bilbao. Además, Donosti no tiene ni tranvía», le contesta sin un ápice de duda, en palabras de Txema, este bilbaíno nacido en Dakar. De seguir así, acabarán nombrándole embajador de Bilbao en Senegal.

Facturas

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2013-06-09 17.44.05«Mi padre ha pagado tres millones (francos CFA) para mi en el hospital en Dakar», nos comenta El Hadji con cierta frecuencia. «¿Y tú ya sabes quién paga el hospital aquí?», le pregunto ante su insistencia en el tema del dinero. El Hadji se queda pensativo y, finalmente, nos dice que no lo sabe. Intentamos explicarle qué es Osakidetza y cómo se financia pero él va al grano. «Sí, pero yo quiero saber cuánto vale mi factura de hospital aquí», nos dice dejando al margen todo el tema solidario.

París-Dakar

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241642749755458238París y Dakar, dos ciudades que vincularon su nombre a uno de los rallys más duros y famosos del mundo. De aquella dura prueba que finalizaba en la  capital de Senegal y sólo apta para expertos pilotos, ya sólo queda el nombre y los restos de los vehículos calcinados en el trayecto, pues a partir del año 2009 se trasladó a Sudamérica bajo la justificación de posibles atentados a los participantes. París, la metrópoli, nunca necesitó de aquella competición para mantener su atractivo universal. Le bastaba con la Torre Eiffel y el Louvre. Sin embargo, Dakar (la capital de la antigua colonia) languideció desde entonces abandonada a su suerte. Hoy, 17 de junio, se cumple precisamente el 126 aniversario de su fundación como commune de ville (en tiempos modernos) por la administración colonial francesa en 1887. Jóvenes, dispuestos a todo, valientes y decididos, inteligentes y con ganas de trabajar, pero abandonan su tierra y, aterrorizados arriesgan su vidaPero antes, en el curso de su atribulada historia, a Dakar le tocó asumir la triste condición de haber sido el mayor centro para el tráfico de esclavos hacia toda América entre los siglos XVI y XIX. La esclavitud de entonces (más de 20 millones de personas obligadas a embarcar contra su voluntad con destino a algún país americano) se ha sustituido en los tiempos actuales por una nueva versión tanto o más cruel que la anterior, como es el viaje en pateras o a través del mismo desierto que hasta hace pocos años atrás cruzaban los participantes del rally, pero ahora en sentido contrario hacia esa Europa que para muchos africanos representa un “Nuevo Dorado”. Por eso esperamos que cuando, ya curado, El Hadji vuelva a Dakar (vía París) lo haga, definitivamente, con un billete sin retorno a un paraíso inexistente. ¡Basta ya de carreras, viajes y travesías hacia la muerte!

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Día Internacional del Niño Africano. Ayer se celebró este día que recuerda los hechos acontecidos el 16 de junio de 1976 en Soweto (Johannesburgo, Sudáfrica), cuando en plena política del apartheid la Policía abrió fuego contra una manifestación de diez estudiantes, matando a cientos de ellos. La conmemoración de este año ha girado alrededor del lema “Eliminar las prácticas sociales y culturales dañinas que afectan a los niños: nuestra responsabilidad colectiva”.

Primera victoria

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2013-06-07 17.14.46Hoy escribimos desde Dakar, Ermua, Bilbao, y desde otros muchos lugares donde late el corazón de esta Tierra de Mujeres y Hombres. Por eso, estas pocas palabras no llevan hoy colores distintivos ni recogen apreciaciones particulares. Son, únicamente, y no es poco, una expresión colectiva, una muestra de agradecimiento a todas las personas que han estado hoy y otros muchos días interesándose por El Hadji. Eskerrik asko guztioi! Y lo más importante: la operación ha salido bien. Así que, en este partido en dos tiempos, ya se ha superado la primera parte.

Cantinela matinal

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reloj-despertadorA las 07:30, como todos los días, enciendo la luz y levanto las persianas de la habitación de El Hadji. «Egun on, buenos días, bonjour, salam aleikum. Hora de levantarse», le recito con voz potente la cantinela matinal. Diez minutos más tarde, El Hadji sigue como un tronco. Esta vez le retiro las mantas y le toco la cara con las manos frías. Protesta pero no se mueve. A las 07:45 le cojo de la mano y le obligo a levantarse. Parece un zombi. «¿En Dakar también te cuesta tanto levantarte? ¿Cómo lo consigue tu madre?», le pregunto. Silencio. No hay respuesta. Después de pasar por el baño, se sienta a desayunar y entre galleta y galleta me dice: «para levantarme, mi madre me da con el cinturón». «Sí, pero te dará de mentiras», le digo. «No, no. Me pega de verdad y, entonces, me levanto rápido», me responde. «Ah, pues ya sé qué vamos a hacer. Vamos a pedirle a tu madre que nos mande el cinturón», le contesto. «Oye, que yo no he venido aquí a que me peguéis», exclama en un castellano perfecto.

«Yo muy mayor y tú muy vieja»

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Hoy va de halagos y no pequeños. «Tú pescado es mejor que el de la ikastola y que el de Senegal», me dice El Hadji mientras cena. No doy crédito a lo que oigo, porque hasta ahora todo lo de Dakar era mucho mejor. «Si Alfonso  dice a mi padre que he ido a la Mezquita, entonces sí  se pone contento, muy contento», continúa como pensando en voz alta. «Se lo tienes que decir tú, no Alfonso. Tú tienes que escribirle una carta a tu familia, contándole qué haces en la ikastola, en casa, en Bilbao….. Y también para que les digas que te acuerdas mucho de ellos..», le interrumpo para dejarle claro que esa tarea le corresponde a él. «Yo ya sé que mi madre siempre está pensando en mí y rezando para mi», me dice sin dejarme terminar. «Cuando vaya a Dakar y (sea) mayor, vendré a Ermua a visitarte», prosigue El Hadji con gesto serio. «Como serás muy mayor, a lo mejor no te conozco», le digo con cierta ironía. «Yo muy mayor y tú muy vieja», me contesta. 

Un sueño

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mare senegal080707DakarBus01Como cada tarde de los viernes desde hace dos meses, voy a buscar a El Hadji a Ermua. Finaliza la “primera parte” de la semana y comienza “otra”, muy diferente. En la parada, entre toda la gente que espera la llegada del autobus hay, como siempre, una buena representación de pasajeros africanos. Algunos acarrean grandes fardos o bolsas de plástico, contenedores tan necesarios como habituales que permiten intuir su ocupación como vendedores ambulantes, clandestinos, vagando por las fronteras siempre difusas de la legalidad imperante. Salimos de Bilbao y nada más entrar en la autopista, el sueño acecha al viajero. El calor del interior del vehículo, la rutina de un paisaje ya conocido y el cansancio acumulado a lo largo de la semana hacen el resto.  Cierro los ojos e imagino otras latitudes, otras gentes… Y no tardo mucho en verme allí, en Senegal, en un instante inconcreto del futuro, viajando en otro autobús desde el aeropuerto de Dakar al barrio en el que habita la familia de El Hadji. Dakar_plage_vue_du_cielVoy de incognito, no quiero que nadie me reconozca, tampoco El Hadji. Veo la tierra casi calcinada por el sol del trópico que cae a plomo, los bordes de la carretera llenas de gente esperando que ocurra algo, o quizás nada, con la sensación de estar tentando la suerte intentando buscar una aguja en un pajar, como si hubiera viajado a un planeta desconocido y diferente. Quiero pasar desapercibido pero le busco con las escasas referencias que poseo. Temo encontrarme de frente con él o que me reconozca cuando camino medio perdido y sin rumbo fijo. Por fin, después de mucho andar, me parece ver la silueta de un niño para mi reconocible pero ya convertido en adolescente. Está saliendo del agua, en la playa, donde hace hace ya un tiempo se quedaba sentado sólo y vestido sobre la arena contemplando muy triste la línea del horizonte sin atreverse a entrar en el mar, un territorio prohibido por culpa de un terrible y  maldito accidente. Sí, no tengo dudas, es él y está saliendo del mar acompañado de sus amigos, contento, feliz. Durante un buen rato me parece ver la mejor puesta de sol que jamás he contemplado y el sigue allí, recuperado ya, saltando, corriendo… hasta que alguno de sus ermua-parque-de-san-pelayo_191816compañeros advierte al grupo que se está haciendo demasiado tarde y es hora de volver a casa.  La playa desaparece de mi sueño y yo me despierto. He llegado a Ermua, el final de mi trayecto. Y alli está también, en casa de Maite y Floren, El Hadji, que, como siempre,  me recibe con una sonrisa. Y entonces me doy cuenta que los sueños también se hacen realidad muchas veces. ¡Nos espera otro fin de semana fascinante…!

Esperanza y coraje

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hospitalcrucesSegunda consulta en el Hospital de Cruces. Hoy tocaba hacer una ecografía. Nada más salir de la prueba El Hadji se dirige directamente a Alfonso, el delegado de Tierra de Hombres (TDH) en Euskadi. Sabe que de él depende la posibilidad de llamar por teléfono a su familia a Dakar, cuestión en la que ha insistido en algunas ocasiones tanto en Ermua como en Bilbao. Alfonso le explica que se trata de algo muy, muy excepcional,  puesto que las familias ya conocen las reglas antes de viajar. Una posibilidad que sólo se contempla de forma muy restringida cuando se entiende que ha podido haber un compromiso de llamada inicial. Además, no se trata tanto de limitarle las comunicaciones (ya que su familia recibe informes escritos semanales) sino de tener un único canal de contacto, evitando posibles interferencias múltiples. El Hadji marca el número de teléfono que, efectivamente, se sabe de memoria.  En la primera llamada no coge nadie, pero en la segunda se pone Issa, su padre. Primero habla Alfonso, en francés. Luego El Hadji. Durante más de cinco minutos su rostro se ilumina y, por lo que parece, le está resumiendo todas sus primeras experiencias aquí en Euskadi. Alfonso se despide finalmente de su padre, que le transmite la gratitud de su familia y le expresa su esperanza (y coraje) en que su diagnóstico clínico pueda aliviarse. 

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A El Hadji le ha sentado bien hablar con su familia. Hoy, el viaje del Hospital a casa (Ermua) ha sido diferente. En el autobús se ha pasado todo el tiempo comentándome lo que veía y sonriendo. Pienso en sus padres, en la alegría que habrán sentido al oír la voz de su hijo después de su salida de Dakar. Además, por la expresión alegre de su cara, suponemos que les habrá dado buenas noticias. Claro está, a la manera de un niño de diez años. Por la tarde, parchís, cuatro en raya, oca….  en compañía de Manuel, nuestro ahijado. Hacen buenas migas  estos dos chavales. Menos mal, porque el mal tiempo no daba para más.

 

“Sí pegar”

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Segundo día de biblioteca. Seguimos en la misma línea. El Hadji no hace mucha tarea, pero tampoco molesta, que no es poco. Por primera vez, hoy ha comido la misma comida que nosotros: paella de pescado. Eso sí, servido en formato personalizado. Por un lado, el arroz; y, por otro, las gambas. Juntos, sí; revueltos, no. Ni mejillones, ni almejas, ni tampoco txipirones. Después de cenar, nos cuenta que Ibrahima, un niño de Barcelona que vive en Dakar, le llamó “puta mierda”; y que él le pegó. Intento hacerle entender que pegar no está bien, pero El Hadji insiste en que “sí pegar”…

Límites y limitaciones

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Son las ocho de la mañana. El Hadji ha dormido nueve horas y parece más tranquilo. Hace buen tiempo y, después de desayunar, aprovechamos para ir a dar un paseo por el pueblo. Llevamos el balón y, mientras yo hago la compra, se queda con Floren en la plaza jugando al fútbol. Parece que la cosa va mejorando. objeto11Volvemos a casa a comer. Ponemos la mesa y servimos la comida: arroz con pollo y verduras. El Hadji no quiere ni probar la comida. Nos pide fruta y yogur. Se levanta de la mesa y quiere ir a su cuarto. Le digo que no, que tiene que estar en la mesa hasta que terminemos. Insiste en que quiere ir a su habitación, pero finalmente se sienta de nuevo en la mesa. ¡Qué estampa! Floren y yo comiendo y El Hadji llorando. El necesita que le marquen los límites y, a la vez, pone en evidencia mis limitaciones. Por la tarde, le pido que me acompañe a la biblioteca y acepta. A la vuelta, al pasar por la plaza, Mikel (el hijo de una amiga) le invita a jugar al fútbol con sus amigos. ¡Bendito fútbol! Dándole patadas al balón parece otro niño. Gracias a Jean, ya sabemos qué pasa con la comida. Los alimentos tienen que estar reconocibles, para que los pueda identificar a simple vista. Por tanto, fuera salsas, purés, mezclas….. Después de fútbol, viene “la Play”. Se va a casa de Mikel a jugar con la dichosa maquinita. Cuando vuelve, hora de cenar: pollo, patatas fritas y yogur. Se lo come todo sin rechistar. No me lo puede creer. Antes de acostarse, otro ratito de cuatro en raya. ¡Parece otro niño, le ha cambiado hasta la cara! Le digo que es hora de ir a dormir y se va tranquilo a la cama. mujeresenegal

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Día Internacional de la Mujer. Pienso en la madre de El Hadji. Como la mayoría de las mujeres de su país,seguramente será la encargada de la casa y sus hijos, en este caso, otros cuatro chicos mayores que El Hadji. Entre la presión de las familias para que no se queden solteras y las costumbres de una sociedad permisiva con la poligamia, las mujeres senegalesas tiene aun un largo camino que recorrer en favor de la igualdad. ¿Qué sentirá ahora? ¿Qué fue lo último que le dijo cuando salió de su casa en el barrio de la Gran Medine? 

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Hablo con Maite y Floren. Quiero saber cómo ha pasado su primer día con ellos, antes de ir mañana a recogerle a Ermua para hacer nuestro primer turno como familia de apoyo. La situación parece que ha cambiado a mejor. Eso sí, Maite ha tenido que marcarle algún limite y dejarle claro, con la ayuda de un amigo senegalés, que el no puede marcar los criterios de la educación que ha de recibir aquí. Lo que más le cuesta: comer (está extremadamente delgado y debe pensar que algunos alimentos podrían ir contra los preceptos de su religión islámica, algo que las dos familias vamos a respetar totalmente); y cumplir con unas normas básicas de higiene (en principio no quería ducharse ni bañarse, aunque no le queda más remedio que aceptar la última opción). Pensamos que siendo el más pequeño de la casa y con cuatro hermanos más mayores que él, quizá haya podido estar algo consentido y/o protegido. Me dicen que también le han llevado a la Biblioteca, pero no parece interesarle los cuentos que le han sacado en francés. Eso sí, ya sabemos que le gusta jugar el fútbol, que su jugador preferido es Messi y que no le hace ascos a la Wii.

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A las 9:30 entramos en su habitación. Está dormido como un tronco. Le preparamos el baño y, sin rechistar, acepta. Le recordamos que va a venir Txema para ir a Bilbao a pasar el fin de semana. No pone mala cara.

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¿Cómo me recibirá cuando dentro de unas horas vaya a buscarle? Si falla el plan A, tendré que echar mano del B: llamar por teléfono a Hady Diallo, un chico senegalés que trabaja en la ONG Etorkinen Bat y que conocí ayer por casualidad, buscando un local de comida senegalesa en Bilbao. Como El Hadji, es de Dakar, y se ha ofrecido, cuando sea necesario, a hablar con él.

La llegada

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Es una cigüeña metálica de alas plateadas que viene volando desde París. Dos familias esperamos en el aeropuerto de Loiu el aterrizaje del vuelo Air France 1776 que las pantallas anuncian que llega con veinte minutos de retraso sobre su horario habitual. Nerviosos e impacientes, nuestras miradas están pendientes de conocer por fin a este viajero que, como las aves el final del invierno, migran desde el Africa subsahariana a la Europa más occidental. La ficha que Tierra de Hombres nos entregó hace poco más de un mes comenzaba así:
Nombre del menor: El Hadji M. Diop (se le conoce como El Hadji)
Fecha de nacimiento: 2002
País: Senegal. Ciudad de residencia: Dakar

MapaSenegal

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Por la puerta de llegadas internacionales aparecen por fin dos niños en sillas de ruedas. Junto a ellos está Marie Claude, una voluntaria de la ONG Aviación Sin Fronteras que les ha acompañado en este trayecto final. Nos acercamos y enseguida distinguimos a El Hadji que, al igual que el otro menor de cinco años (Mouhamadou Thiav) que le acompaña, permanece encogido y asustado ante el grupo de desconocidos que le rodea. Apenas alza la mirada y sus enormes ojos negros nos interrogan con preguntas que quizá un adulto fácilmente pueda intuir.  ¿Qué hago fuera de mi país? ¿Quiénes sois vosotros? ¿Qué queréis? ¿Qué va a ser de mí?

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No se cómo actuar. Me siento débil frente a el y, a pesar de su sufrimiento, percibo que es muy valiente y que hay que  tener mucho coraje para afrontar una situación como la que ahora está viviendo el.  “Salaamaalekum!”, le dice Haize, mi compañera y, con un hilo de voz, le responde, “Maalekum salaam”. Marie Claude, en francés, y Alfonso, delegado de Tierra de Hombres (TDH) en Euskadi intentan tranquilizarle, pero su mente sigue ausente anclada seguramente en los recuerdos de su familia y en las calles de Dakar que hace ya casi un día tuvo que abandonar.

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Salimos de la terminal y nos dirigimos al parking donde Maite y Floren, su familia de acogida, han dejado el coche con el que llevarán a El Hadji hasta su casa en Ermua, localidad que será a partir de ahora, y hasta no se sabe cuando, su residencia habitual. Dakar_Roofs_-_Beach__OceanEn la calle el termómetro marca 12 grados, lejos de los fríos de semanas pasadas aquí, pero muy lejos también de los 24 grados que registra hoy el mapa del tiempo de Dakar, la capital de su país. Fría Europa, cálida Africa…

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Se había acabado la espera. Teníamos ante nosotros a El Hadji. Sus ojos reflejaban angustia, tristeza e incertidumbre. Estaba abatido y parecía no entender nada de lo que sucedía. El viaje de Loiu a Ermua se me hizo interminable. Me senté en la parte de atrás con él. Quería mostrarle, de alguna manera, mi afecto y cercanía, pero intuyo que su mente estaba muy lejos, intentando buscar algo cálido y familiar que pudiera mitigar su angustia. Una vez en casa, El Hadji nos dice que quiere hablar con su padre. Le digo que no es posible y rompe a llorar. ¿Cómo consolarlo en esta situación sin sentar un mal precedente? Llamo a Jean, un chico senegalés que está de vacaciones en Ermua. Le pido que le diga a El Hadji que le puede escribir una carta a su padre y que Alfonso (TDH) se la hará llegar.