Archivo de la etiqueta: barakaldo

Despedidas

Estándar

Escanear 1Escanear 2Desde hace ya más de una semana, es decir, desde que conoció que el próximo lunes día 30 viajará de vuelta a su país completamente recuperado, El Hadji no hace nada más que despedirse de amigos y conocidos. Este fin de semana lo ha dedicado casi por completo a cumplir con el protocolo de agradecimientos correspondiente: la panadera de enfrente, los amigos de la Plaza Nueva, Barakaldo y, como no Sanfuentes, donde la familia de Joxean, Adela, Oier y Beñat (sin olvidarnos de Eva y José, padres de Joxean) le acogieron durante unos días este verano. Y allí hemos pasado la tarde de este sábado, jugando a pelota mano, a cacos y polis, y viendo fotos de aquellos inolvidables días que pasó con ellos en el camping de Noja y que seguro recordará con cariño durante toda su vida.

Muertos

Estándar

20131101_171333El Hadji me dice que en Senegal los niños no pueden ir a los cementerios. «Si van, su cabeza se pone mal y se vuelven locos». Le digo, entonces, que tenemos un problema porque tengo que ir al cementerio de San Vicente de Barakaldo a visitar a mis cuatro abuelo@s, cuyos restos reposan allí. «Bueno», le propongo, «puedes esperarme en la puerta sin entrar y luego te vuelvo a buscar». Cuando llegamos, me dice que no importa, que también entra conmigo. «¿Tus abuel@s eran cristianos». «Sí», le contesto. «¿Y los tuyos», le pregunto. «Sí, los cuatro eran musulmanes pero ya sólo vive una abuela y a los otros no les he conocido». Caminamos callados pero, poco después, me dice: «Cristianos y musulmanes es igual porque al final todos nos morimos».

Espíritu deportivo

Estándar

20131012_122706_resized20131012_121133_resizedSábado deportivo. Como el motor no da para mucho, nos vamos desde Bilbao a Barakaldo caminando (que también es deporte), para acabar comiendo allí (otro tipo de deporte más placentero). Las márgenes de la ría rebosan actividad. La fiebre del footing o del running (ahora se dice así) ha contagiado a niñ@s, jovenes y ancian@s. Otros van en patines o en bicicletas… eso sí, todos nos pasan a una velocidad de vértigo. Le digo a El Hadji que, a ese paso, no llegamos ni para la cena. Responde con un amago de sprint que escasamente le dura ocho metros. Hasta la mubles que nadan junto a la orilla nos dejan atrás. En un momento dado la conversación deriva hacia el reino animal. Me dice que el es muy rápido, «mucho más rápido que el caracol» e, incluso, «más rápido que la tortuga». Pienso en el “perezoso”, en el koala, en el camaleón, en la velocidad de movimientos del coral… pero prefiero no decirle nada porque, si se distrae pensando, todavía va más lento.