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Pastelero

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SAMSUNG DIGITAL CAMERAHoy El Hadji ha hecho sus pinitos como dependiente en la tienda de Idoia. «Oye, chaval, tienes que darme la receta del pastel de chocolate, porque estaba riquísimo. Te lo digo de verdad. A lo mejor tu futuro está en ser un buen pastelero», le dice Idoia a modo de saludo nada más llegar. De vuelta a casa, nos ponemos manos a la obra y hacemos el segundo pastel. Este es uno de los que llevará el viernes a la Ikastola, para su despedida. Pero esta vez nos surge una duda y tenemos que llamar a Haize, momento que El Hadji aprovecha para contarle que ha llamado Alfonso y que el día 30 tenemos que estar en el aeropuerto a las 06:15. Haize le dice que, posiblemente, no van a poder ir a despedirle, porque a esas horas no hay autobuses. «Sí, pero hay taxis», le replica el chavalote sin cortarse ni una miaja. Continuamos con las manos en la masa y, entre batido y batido, le pregunto a ver qué le parece eso de dedicarse de mayor a la pastelería. «Bueno, no está mal, pero hay un problema, porque yo creo que con eso no ganaría mucho dinero»,  responde El Hadji sin atisbo de duda. ¡Poderoso caballero es don dinero!

Chuletillas de suero

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sueroEl Hadji  ha estrenado el mes de agosto en el Hospital. Todo iba perfectamente hasta que el pasado martes, por la tarde,  El Hadji empezó a tener dificultad para orinar. Ese mismo día hablamos con Alfonso (Delegado de Tierra de Hombres) y, como el niño presentaba buen aspecto (no tenía ni dolor ni fiebre), decidimos esperar a ver cómo evolucionaba.  El miércoles por la mañana El Hadji se despierta totalmente empapado. Desconcertante: de no poder orinar a no parar de hacerlo en toda la noche. Durante el día el niño mantiene la misma tónica: buen aspecto pero con dificultad para orinar. Cruzamos lo dedos para que  podamos aguantar hasta el jueves, porque a las 11:30 tenemos cita en Cruces. Nada más levantarse, El Hadji tiene ganas de orinar pero no puede, solo le salen gotitas. «Creo que el Doctor va a tener que arreglar otra vez mi txilibito»”, me dice con cierta resignación. Ya en el Hospital, el Dr. Blanco lo tiene claro: se ha vuelto a repetir lo de la vez anterior y es necesario llevarlo al quirófano. Así lo hace y, una vez terminada la pequeña intervención, nos informa que todo ha ido bien y que debe pasar la noche en el hospital. Ya en la habitación, El Hadji pregunta una y otra vez a ver cuándo le van a dar de comer. Es comprensible, el chaval lleva todo el día en ayunas. Sobre las 21:30 le llamamos por teléfono a Txema, que es quien está a esa hora en el Hospital con El Hadji, y nos pone con él. Nos dice, con voz débil, que está bien pero que tiene hambre. «Piensa que el suero son chuletillas de cordero», le digo. «Sí, sí, pues no se parecen en nada», me contesta con rapidez.

Sanfuentes

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IMG-20130720-WA0001Hoy hemos ido a conocer a la familia que acogerá a El Hadji del 25 de agosto al 2 de septiembre. Previamente le habíamos explicado al niño cómo iba a ser, más o menos, nuestro plan durante las vacaciones de verano. Una vez que tuvimos la respuesta de Alfonso, le dijimos a El Hadji que Joxean y su familia estaban dispuestos a cuidarle mientras nosotros hacíamos el Camino Inglés. «Ah, Joxean, sí yo le conozco. Es majo. Me cuido en el Hospital y me dijo que luego, cuando nos veamos, nos tenemos que dar un abrazo», fue la respuesta espontánea de El Hadji. Sobre las 17:45, hemos llegado a Sanfuentes (Abanto Zierbena), donde nos han recibido con un “microclima” especial, tanto en lo relativo al tiempo atmosférico –porque corría una brisa muy agradable- como a la  cálida acogida que nos han dispensado. Ha sido un rato estupendo, en un entorno privilegiado y en muy buena compañía. Hemos vuelto a casa con la tranquilidad de que El Hadji va a estar en buenas manos.  Por supuesto, siempre en función de su evolución y de la consulta del 1 de agosto en  Gurutzeta. Si todo va bien –y seguro que así va a ser- nos volveremos a ver el 2 de septiembre cuando vayamos a recoger a El Hadji. Mientras tanto, Alfonso, Joxean, Adela, Oier y Beñat: Eskerrik asko zuen laguntzagatik!

Sonda con grifo

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grifo-515x386Hoy hemos tenido un pequeño “tropiezo” en el proceso de recuperación. Eran las 07:20 cuando El Hadji ha aparecido en la cocina. «Me duele mucho y no puedo mear», me dice sin darme tiempo a preguntarle qué le pasaba. En pocos minutos el dolor se vuelve insoportable y, tras hablar con Alfonso (delegado en Euskadi de Tierra de Hombres), nos vamos al Hospital. ¡Qué lejos está Gurutzeta cuando el dolor aprieta! El Dr. Oliver intenta colocarle la sonda de nuevo pero no puede. Por un lado, porque el niño, con semejante cuadro de dolor agudo, no facilita para nada la exploración. Por otro, porque, llegado a un cierto punto, la sonda no pasa y el urólogo quiere ver qué es lo que obstaculiza el paso, por lo que se hace necesario llevar al niño al quirófano. Una vez terminado su trabajo, el Dr. Oliver nos dice que todo ha ido  bien y que, en cuanto se despierte, lo pasan a planta. Ya en la habitación, El Hadji nos pregunta qué le han hecho. Le explicamos lo que nos ha dicho el Dr. Oliver y he aquí su respuesta: «Ah, entonces me van a poner una sonda con grifo». Lo que importa no es caerse sino levantarse y El Hadji ya está otra vez de pie, aunque esta noche la tenga que pasar en el Hospital.

Un viaje de ida y vuelta

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voluntariosHoy toca hacer balance de los más de tres meses que El Hadji lleva entre nosotros. Ahora que ya se cumplido la primera etapa de su estancia, con la primera gran operación realizada, y que según los especialistas ha ido bien, comienza la etapa de esperar. De esperar que su organismo reaccione bien y que no surjan complicaciones, que “la meada” funcione sin problemas y no se genere estenosis. De esperar a la siguiente operación, porque habrá más, al menos una más y, ojalá, no sean tres, cuatro o más. Pero también toca esperar a ver cómo transcurre su proceso de integración en esta sociedad nuestra, ahora ya no preocupados por su adaptación, o exceso de adaptación como nos preguntábamos ayer en el blog, sino por conseguir que no se desarraigue de su esencia africana y no extravíe la referencia de sus orígenes. Esta es una de las grandes preocupaciones de TDH-Gizakien Lurra y, por supuesto, lo debería ser de todo el voluntariado que participa en el acompañamiento de estos niños y niñas.

ruta de turismo responsable por Senegal (5)Precisamente hoy hemos conocido la fecha de regreso a su país de otro niño africano acogido en Euskadi en el mismo programa que El Hadji. Se trata de Fary, un peque de cuatro años, de los cuales casi dos los ha pasado en Bizkaia, y que ya tiene el alta definitiva, tras una decena de intervenciones. Este niño llegó sin energías, con varios problemas sanitarios añadidos a la patología que sufría. Se puede afirmar con certeza que es un superviviente nato y que regresa a su país con la familia que le quiere y se preocupó por él. ¡Cómo si no es así, entender que su familia, apenas sin recursos, se traslade de Mauritania a Senegal procurando una cura y en lugar de ello encontrarse con que el niño padece otra enfermedad aún peor; para, finalmente, acudir a una ONG y estar dispuestos a evacuar a su hijo a Europa, sabiendo que eso supone no ver al niño durante una temporada larga! Esto desmiente la tendencia, inconsciente y descabellada, de creer que estos niños no tienen familia ni raíces, tan profundas y fértiles como las que podemos tener nosotros, ni más ni menos. Familias que se preocupan por sus hijos, como otras lo harían, y que están deseando volver a verlos sanos y junto a ellas.

Ahora que El Hadji comienza a adquirir hábitos, no siempre positivos, muchas veces transmitidos a través de nuestra sobreprotección, es el momento de pensar en ese regreso, que se producirá con toda seguridad, así se demore 22 meses como en el caso de Fary. Ahora es el momento de pensar en su familia y en la reintegración que hará a su vuelta. Cuando eso se produzca el niño volverá a socializarse en su entorno y esa reintegración le costará más o menos en función del grado de pérdida que haya sufrido aquí. También es momento, cuando pensamos que estos niños sufrirán tremendamente al regresar a su país, de recordar que la mayor quiebra experimentada por ellos ha sido al separarse de su familia, al llegar a un país desconocido, con gente hablando en otro idioma y costumbres extrañas a ellos y cuando van a comenzar, como mero instinto de supervivencia, a aprender todo lo bueno, pero también todo aquello que esta nueva sociedad tiene de superfluo y de injusto. Tan injusto como que ellos tengan que venir aquí a curarse y no lo puedan hacer en su país; tan injusto como creer que estos niños no pueden ser felices en su país.

dakar-senegal-401Es bueno recordar en estos momentos las palabras en Dakar de la madre de un niño que había sido acogido en Vitoria para tratarse de su enfermedad coronaria. Esta señora, una potente líder de su comunidad, contaba que su hijo los primeros días cuando volvió a Senegal le hacía ascos a la comida. Cuando intentaban reconducir su actitud, el niño decía que en Vitoria le daban siempre lo que pedía. Fue entonces cuando su madre se sentó frente a él, el plato de comida entre ambos, y le dijo muy claramente: «ahora estás en Senegal y no en Europa. Este es el plato de comida que hay y el que vas a tener porque es aquí donde vas a vivir…». A pesar de que el niño sólo tenía 9 años, contaba su madre, fue el último día que hizo tonterías delante de la comida y que, casualmente, ese guiso que rechazaba se convertiría en su plato preferido.

«Yo muy mayor y tú muy vieja»

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Hoy va de halagos y no pequeños. «Tú pescado es mejor que el de la ikastola y que el de Senegal», me dice El Hadji mientras cena. No doy crédito a lo que oigo, porque hasta ahora todo lo de Dakar era mucho mejor. «Si Alfonso  dice a mi padre que he ido a la Mezquita, entonces sí  se pone contento, muy contento», continúa como pensando en voz alta. «Se lo tienes que decir tú, no Alfonso. Tú tienes que escribirle una carta a tu familia, contándole qué haces en la ikastola, en casa, en Bilbao….. Y también para que les digas que te acuerdas mucho de ellos..», le interrumpo para dejarle claro que esa tarea le corresponde a él. «Yo ya sé que mi madre siempre está pensando en mí y rezando para mi», me dice sin dejarme terminar. «Cuando vaya a Dakar y (sea) mayor, vendré a Ermua a visitarte», prosigue El Hadji con gesto serio. «Como serás muy mayor, a lo mejor no te conozco», le digo con cierta ironía. «Yo muy mayor y tú muy vieja», me contesta. 

Doctores por un día

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«Hoy hemos ido a Mallabia con la andereño de Gimnasia. Hemos visto vacas, ovejas y gallinas. Yo muy cansado. No me gusta andar, me canso», nos comenta El Hadji al llegar a casa. «Hoy he comido garbanzos, pescado y una cosa que no me gusta», continúa con el boletín informativo. Le comentamos que tenemos que ir a Elgoibar, porque se ha muerto la madre de Mertxe (nuestra cuñada) y, queriendo quitarle “importancia”, le decimos que era una persona  mayor y que estaba enferma. «Sí, pero los niños también se mueren», nos responde con tono contundente. «En el aeropuerto, yo pensaba que vosotros erais los doctores que veníais  para llevarme al hospital», nos dice mientras cenamos. «Entonces nosotros somos la Dra. Maite y el Dr. Floren», le digo en tono divertido. «Y la Dra. Haize,  el Dr. Txema y el Dr. Alfonso», añade sonriendo. ¡Menudo equipo!

Informes

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAEl Hadji está sentado con la cabeza apoyada sobre su mano derecha. «¡Uf, qué cansado estás!», le digo. «No, no estoy cansado, estoy pensando (en) mi madre. Mi madre siempre preocupada, siempre piensa con mi. Siempre pensando y luego le duele la cabeza», me responde con semblante serio. Le explico que, todas las semanas, después de hablar con nosotros, Alfonso envía un informe a Senegal y que Tierra de Hombres de Dakar se lo entrega a sus padres. «¿Qué es un informe?», me pregunta. «Es como una carta y Alfonso le cuenta cómo estás, qué ha dicho el  médico, que vas muy contento a la ikastola. Le cuenta todo, por eso nos llama por teléfono, para luego escribirle a tus padres», le explico. «Ah, oso ondo», me contesta más tranquilo, y añade «tienes que llamar a Ander (mi sobrino) para saber cómo está su brazo».

Un rayo de esperanza

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Hospital de Cruces Escaleras de caracol  Libro "XXV Aniversario de Osakidetza"El día parecía que no empezaba con buen pie. «Yo no dormir bien», me dice El Hadji en respuesta a mi saludo de buenos días. La razón es evidente. El niño sabe que hoy le van a hacer una nueva prueba en el Hospital de Cruces y el mal trago de la urodinamia de la semana pasada todavía permanece intacto en su memoria. A las 10:45 le mandan pasar a Rayos. Floren entra con él, mientras Alfonso y yo nos quedamos en el pasillo. Todo va bastante rápido y, lo que es mejor aún, los médicos parecen más optimistas. Mañana tiene reunión el equipo médico para tratar su caso y tomar una decisión al respecto. Sabemos que está en buenas manos y eso reconforta y tranquiliza. «Doctor ha dicho mi muy bien, muy bien chaval; hoy poco daño», nos ha dicho orgulloso El Hadji nada más salir del Hospital. 

Una rueda que gira y gira…

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Multiracial Hands Making a CircleReunión de voluntarios de Tierra de Hombres en el centro cívico Bidarte. Previamente, las dos familias quedamos con Alfonso para que nos informe de las últimas noticias que le han transmitido los médicos sobre El Hadji. Una pequeña luz se abre paso entre las tinieblas de los últimos días. No hay nada definitivo aún pero, a expensas de realizar una nueva prueba el próximo martes, el pronóstico se ha tornado moderadamente optimista, todo ello siempre con las debidas precauciones. Al menos hay alguna salida que habrá que explorar. La reunión está convocada, principalmente, para planificar los turnos hospitalarios de  Hamed N´Diaye Sow “Fary”, niño mauritano de casi cuatro años, que ha sido intervenido hoy mismo en el Hospital de Cruces. Cuatro turnos por día a partir de mañana (de 08:00 a 13:00; de 13:00 a 18:00; de 18:00 a 22:00; y de 22:00 a 08:00) y a lo largo de toda una semana, plazo que se estima permanecerá en el Hospital. La cadena funciona como una rueda de la solidaridad que gira inexorable. Veintiocho turnos que se pueblan de nombres, sobre todo mujeres: Susana (hasta cinco veces), Itziar, Lourdes (dos turnos, uno por primera vez), Mila, Mª José, Rosa (dos turnos), Maritxu, Tere, Vanesa, Gloria, Mª Luisa, Agus, Kontxi, Txema (uno, por primera vez), Marian (uno, por primera vez), Blanca (uno, por primera vez), Leonor, Ana, Susana, Teresa, Rosa, Gonzalo (uno, por primera vez), Mila, Felitxu, Nekane y Miren.

Esperanza y coraje

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hospitalcrucesSegunda consulta en el Hospital de Cruces. Hoy tocaba hacer una ecografía. Nada más salir de la prueba El Hadji se dirige directamente a Alfonso, el delegado de Tierra de Hombres (TDH) en Euskadi. Sabe que de él depende la posibilidad de llamar por teléfono a su familia a Dakar, cuestión en la que ha insistido en algunas ocasiones tanto en Ermua como en Bilbao. Alfonso le explica que se trata de algo muy, muy excepcional,  puesto que las familias ya conocen las reglas antes de viajar. Una posibilidad que sólo se contempla de forma muy restringida cuando se entiende que ha podido haber un compromiso de llamada inicial. Además, no se trata tanto de limitarle las comunicaciones (ya que su familia recibe informes escritos semanales) sino de tener un único canal de contacto, evitando posibles interferencias múltiples. El Hadji marca el número de teléfono que, efectivamente, se sabe de memoria.  En la primera llamada no coge nadie, pero en la segunda se pone Issa, su padre. Primero habla Alfonso, en francés. Luego El Hadji. Durante más de cinco minutos su rostro se ilumina y, por lo que parece, le está resumiendo todas sus primeras experiencias aquí en Euskadi. Alfonso se despide finalmente de su padre, que le transmite la gratitud de su familia y le expresa su esperanza (y coraje) en que su diagnóstico clínico pueda aliviarse. 

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A El Hadji le ha sentado bien hablar con su familia. Hoy, el viaje del Hospital a casa (Ermua) ha sido diferente. En el autobús se ha pasado todo el tiempo comentándome lo que veía y sonriendo. Pienso en sus padres, en la alegría que habrán sentido al oír la voz de su hijo después de su salida de Dakar. Además, por la expresión alegre de su cara, suponemos que les habrá dado buenas noticias. Claro está, a la manera de un niño de diez años. Por la tarde, parchís, cuatro en raya, oca….  en compañía de Manuel, nuestro ahijado. Hacen buenas migas  estos dos chavales. Menos mal, porque el mal tiempo no daba para más.

 

Cuestión de género

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korrikatxikiEl Hadji ya ha descubierto cómo es nuestro modo de funcionar. Estábamos comiendo y, de repente, nos dice «ah, yo, casa de Txema, casa de Floren; casa de Floren, casa de Txema».  «Casa de Maite y Floren», le dice Floren. «Y de Txema y Haize», le contesta El Hadji. Floren le ha llevado a ver la Korrika txiki. El Hadji alucinaba viendo correr a tantos niños juntos. A continuación, chocolatada y música. El Hadji parecía estar en su salsa. Y para terminar bien la tarde, ha encontrado compañeros para jugar al fútbol. Ha llamado Alfonso. Le he comentado que todo marcha bien. Quedamos en vernos el lunes en el Hospital. Son las 10:00 de la noche y El Hadji está agotado. Es hora de que se vaya a la cama…

Teléfono y despedidas

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cabinaDomingo lluvioso que nos limita, primero jugar al futboll con Xabier y, luego, estar en los columpios. Volvemos a casa. Come bien, se entretiene pero, de repente, me pide hablar con su padre en Senegal. Me señala el teléfono y comienza a decirme los números que hay que marcar. Le digo que no es posible, que es la propia organización Tierra de Hombres (Gizakien Lurra) quien, a través de su delegado en Euskadi, Alfonso, se encarga de informar regularmente a su familia. No quiere entender. Su mirada casi implora, pero me mantengo firme. Esas son las reglas y ya lo sabe desde antes de salir de su país.  Ayer también me puso a prueba al salir del txikipark. Vio una cábina de teléfono, me agarró fuerte de la mano y me hizo ir hasta ella. Cogió el auricular, marcó las cifras que se sabe de memoria, y se puso hablar (fingidamente, claro está) con su padre. Estuvo como un minuto y la conversación parecía real hasta el punto de que pensé que tenía algún truco para hacer llamadas internacionales. Le pedí el auricular y me lo puse al oído. Allí no había nadie. Solo se escuchaba un lejano ruido, como de caracola de mar. Sin embargo, para él, allí estaba su padre.

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Hemos ido a recoger a  El Hadji a Bilbao. Nos ha recibido muy contento.  No hay duda de que, tanto Txema como con el resto de la familia, lo han acogido estupendamente. Y el niño lo percibe. Llega la hora de volver a Ermua. Txema nos acompaña a coger el autobús. El Hadji se despide con naturalidad. Subimos al autobús y, nada más sentarse, le cambia la cara. Está ausente. Intento hablar con él, pero no me escucha. Ni vacas, ni caballos, ni nieve, ni ovejas. Inútil. Intuyo que el autobús le recuerda algo doloroso. Entramos en casa. Sorpresa. Floren le enseña el cuaderno de ejercicios que le hemos comprado para trabajar por las mañanas. Quiere comenzar a hacer la tarea desde ya. Veremos mañana cómo se nos da…

autobusdakar► ☼ ☼ ☼ ☼ ☼ ☼ ☼ ☼ ☼ ◄

Hola Maite / Floren:
He leído vuestro e-mail y describís exactamente la misma sensación que tuve el viernes pasado, cuando tras verle tan alegre en vuestra casa de Ermua nos acomodamos en el autobús de viaje a Bilbao. La misma sensación de abatimiento, de tristeza… con la mirada perdida en la ventanilla mientras su cabeza vuela en busca de otros horizontes, quizás tras el paisaje difuminado de su primer viaje Dakar-París-Bilbao cuando dijo adiós a su familia. Aquella primera y desgarradora despedida en la que comenzó a sentir el peso de su ausencia  llevado hacia una tierra lejana y unas gentes desconocidas… Por eso quizás necesita “echar alguna raíz”, sentir certezas, sentir que su vida no es una maleta extraviada en cualquier aeropuerto del mundo que pasa de mano en mano hasta encontrar su dueño final… Pero también es una buena señal cuando, de nuevo en vuestra casa, comienza enseguida a dar muestras de alegría y el paisaje antes extraño se vuelve ya algo más cercano y conocido. Un territorio que comienza a hacer suyo y que prueba que su adaptación, poco a poco, va por buen camino.
Saludos.

¡Besos, no!

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ermuanevado1Comienza a nevar. El Hadji alucina. Desde la ventana del autobús, me señala, una y otra vez, los montes nevados. Se le ve contento, a pesar de que le hemos dicho que vamos al Hospital a cambiar la sonda. En la sala de espera nos señala una niña y dice “china”. Quizás queriendo destacar que él no es el único “diferente”. A las 12:15 llega el Dr. Oliver, nos saluda, comenta que le llamó Alfonso y, con otro compañero, se ponen manos a la obra. El Hadji se ha quejado solo un poquito. Prueba superada. El médico nos pregunta cómo va la “operación ducha”. Se ha dado cuenta que se había cambiado de calzoncillos. «Va hecho un pincel», comenta. Nuestra relación promete. Hoy le he cortado las uñas y no ha abierto la boca. Claro, tampoco le he preguntado si quería. Esto me hace recordar la escena de ayer, cuando Merche -una amiga- hizo el gesto de darle un beso. El Hadji, con su expresión, lo dejó bien claro: «¡Besos, No!». Terminamos el día asistiendo al concierto de los alumnas y alumnos de la Escuela de Música. Actuaba Mikel y a los amigos hay que apoyarlos. El Hadji parecía estar muy a gusto, sin aplausos pero con sonrisa.

Calzoncillos

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Hospital de Cruces: Consulta de Urología. No pinta bien la cosa. El Dr. Oliver mira las placas y lo resume con un  “hace falta huevos para meterle mano a este chaval”.  Iremos viendo qué novedades aportan las pruebas que ha pedido el urólogo… El Hadji nos ha sacado los “colores”. Llevaba puestos los mismo calzoncillos desde que vino de Senegal. Asignatura pendiente: higiene. Alfonso nos echa un “cable” hablando con él. Antes de cenar, toca baño. Le acompaña Floren pero le pide que le deje solo y él accede. Viene a la cocina y le propongo que le diga que elija entre Floren o Maite. Por supuesto, se queda con Floren.

La llegada

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Es una cigüeña metálica de alas plateadas que viene volando desde París. Dos familias esperamos en el aeropuerto de Loiu el aterrizaje del vuelo Air France 1776 que las pantallas anuncian que llega con veinte minutos de retraso sobre su horario habitual. Nerviosos e impacientes, nuestras miradas están pendientes de conocer por fin a este viajero que, como las aves el final del invierno, migran desde el Africa subsahariana a la Europa más occidental. La ficha que Tierra de Hombres nos entregó hace poco más de un mes comenzaba así:
Nombre del menor: El Hadji M. Diop (se le conoce como El Hadji)
Fecha de nacimiento: 2002
País: Senegal. Ciudad de residencia: Dakar

MapaSenegal

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Por la puerta de llegadas internacionales aparecen por fin dos niños en sillas de ruedas. Junto a ellos está Marie Claude, una voluntaria de la ONG Aviación Sin Fronteras que les ha acompañado en este trayecto final. Nos acercamos y enseguida distinguimos a El Hadji que, al igual que el otro menor de cinco años (Mouhamadou Thiav) que le acompaña, permanece encogido y asustado ante el grupo de desconocidos que le rodea. Apenas alza la mirada y sus enormes ojos negros nos interrogan con preguntas que quizá un adulto fácilmente pueda intuir.  ¿Qué hago fuera de mi país? ¿Quiénes sois vosotros? ¿Qué queréis? ¿Qué va a ser de mí?

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No se cómo actuar. Me siento débil frente a el y, a pesar de su sufrimiento, percibo que es muy valiente y que hay que  tener mucho coraje para afrontar una situación como la que ahora está viviendo el.  “Salaamaalekum!”, le dice Haize, mi compañera y, con un hilo de voz, le responde, “Maalekum salaam”. Marie Claude, en francés, y Alfonso, delegado de Tierra de Hombres (TDH) en Euskadi intentan tranquilizarle, pero su mente sigue ausente anclada seguramente en los recuerdos de su familia y en las calles de Dakar que hace ya casi un día tuvo que abandonar.

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Salimos de la terminal y nos dirigimos al parking donde Maite y Floren, su familia de acogida, han dejado el coche con el que llevarán a El Hadji hasta su casa en Ermua, localidad que será a partir de ahora, y hasta no se sabe cuando, su residencia habitual. Dakar_Roofs_-_Beach__OceanEn la calle el termómetro marca 12 grados, lejos de los fríos de semanas pasadas aquí, pero muy lejos también de los 24 grados que registra hoy el mapa del tiempo de Dakar, la capital de su país. Fría Europa, cálida Africa…

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Se había acabado la espera. Teníamos ante nosotros a El Hadji. Sus ojos reflejaban angustia, tristeza e incertidumbre. Estaba abatido y parecía no entender nada de lo que sucedía. El viaje de Loiu a Ermua se me hizo interminable. Me senté en la parte de atrás con él. Quería mostrarle, de alguna manera, mi afecto y cercanía, pero intuyo que su mente estaba muy lejos, intentando buscar algo cálido y familiar que pudiera mitigar su angustia. Una vez en casa, El Hadji nos dice que quiere hablar con su padre. Le digo que no es posible y rompe a llorar. ¿Cómo consolarlo en esta situación sin sentar un mal precedente? Llamo a Jean, un chico senegalés que está de vacaciones en Ermua. Le pido que le diga a El Hadji que le puede escribir una carta a su padre y que Alfonso (TDH) se la hará llegar.